Lo que casi nadie sabe de Carletto.
Hola! Si eres nuevo por acá, un placer!
Me llamo Carlos Johan Sisco Palencia, aunque casi todo el mundo me conoce como Carletto.
Hay personas que llegan a la arquitectura porque aman los edificios.
Yo llegué porque nunca dejé de creer que una buena idea merece ser entendida.
Esta es mi historia:
Un niño del campo que soñaba con ciudades
Nací en Venezuela y crecí en una finca, rodeado de árboles, animales y caminos de tierra. Mientras muchos niños soñaban con tractores, yo pasaba horas imaginando edificios. Mi papá solía decir entre risas: "Este va a ser un arquitecto del campo." Y, curiosamente, hoy mi mayor sueño sigue siendo tener una pequeña casa en el campo, llena de tranquilidad y de las personas que amo.
Desde muy joven entendí que estudiar sería mi mejor oportunidad. Gracias a mi desempeño académico ingresé a la universidad y, antes incluso de terminar la carrera, ya trabajaba como arquitecto en formación aprendiendo visualización arquitectónica en proyectos reales.
El primer país que tuve que dejar.
Pero la vida tenía otros planes.
La crisis en Venezuela me obligó a dejar mi país. Viví en Ecuador, donde descubrí algo que cambiaría mi forma de entender la arquitectura para siempre: una buena representación puede comunicar una idea mucho mejor que cien planos técnicos. Allí aprendí que las imágenes no solo muestran un proyecto... cuentan una historia.
Una beca, un Uber y una oportunidad.
Después llegó Chile gracias a una beca universitaria.
Durante el día estudiaba. Mientras buscaba una oportunidad laboral manejé Uber por Santiago, recorriendo una ciudad que terminé conociendo calle por calle. Hasta que un profesor vio mis presentaciones y decidió recomendarme para una entrevista.
Ese día cambió mi vida.
Conseguí trabajar como arquitecto incluso antes de graduarme y tuve la oportunidad de diseñar mi primera vivienda. Lo que comenzó como una simple maqueta 3D terminó convirtiéndose en un proyecto completo y en la confianza de un cliente real.
La decisión que cambió mi vida.
Pensé que había encontrado el trabajo de mis sueños.
Y entonces apareció el amor.
Cuando terminó mi intercambio universitario, tomé una decisión que muchos consideraron una locura: renuncié a ese empleo para mudarme a Brasil y construir una vida junto a Mariana, quien hoy es mi esposa.
Un mes después llegó la pandemia.
Sin hablar portugués, sin documentos y con el mundo completamente detenido, nadie contrataba arquitectos.
La opción más realista era trabajar reponiendo productos en un supermercado. Incluso llegué a preparar mi currículum eliminando cualquier referencia a la arquitectura porque me dijeron que, de lo contrario, jamás me contratarían.
Recuerdo perfectamente ese momento.
Tenía el correo listo para enviar.
Cerré la computadora.
Miré a Mariana y le dije:
"Voy a intentar una última vez vivir de lo que amo. Si no funciona... entonces sí buscaré otro trabajo."
El día que nació Carletto.
Esa decisión cambió absolutamente todo.
Seguía compartiendo mis imágenes en Instagram y muchas personas comenzaron a preguntarme cómo las hacía. Empecé dando clases particulares. Después llegaron los primeros workshops. Nunca olvidaré cuando Nicolás, el primer alumno que se inscribió en uno de ellos, confió en mí. Ese día lloré de felicidad. Fue la primera vez que entendí que enseñar podía transformar mi vida tanto como la arquitectura.
El arquitecto que todavía no se había graduado.
Mientras todo eso ocurría, seguía siendo estudiante.
Sí... Carletto nació antes de que yo recibiera mi diploma. Incluso llegué a realizar imágenes para las tesis de otros estudiantes antes de presentar la mía. El día de mi defensa tenía coronavirus y casi 40 grados de fiebre. Aun así terminé obteniendo la Mención Honorífica al mejor proyecto de mi taller.
La vida tiene un gran sentido del humor.
Cuando la experiencia se convirtió en un método.
Con el tiempo, los workshops se transformaron en cursos completos. Después nació mi estudio de visualización arquitectónica. Y toda la experiencia acumulada en más de 1.000 imágenes desarrolladas para clientes reales dio origen a la Metodología Carletto: un sistema creado para trabajar de forma más eficiente, con una estética reconocible y pensado para resolver problemas reales, no ejercicios inventados.
Los números impresionan. Las personas permanecen.
Hoy esa metodología ha ayudado a más de 1.900 estudiantes entre workshops y cursos, además de más de 50 clientes en diferentes países.
Pero, sinceramente...
Ese no es el logro que más me enorgullece.
La razón por la que sigo enseñando.
Lo que realmente me emociona sigue siendo abrir un mensaje que dice:
"Ahora disfruto hacer mis entregas."
O leer a un arquitecto que finalmente encontró una identidad para representar sus proyectos.
O ver a un estudiante mostrar una imagen y decir:
"Hace un año jamás imaginé que sería capaz de hacer esto."
Esos mensajes nunca dejan de sorprenderme.
Porque detrás de cada imagen hay una historia.
Y detrás de cada historia hay una persona que decidió creer un poco más en sí misma.
Después de más de once años dedicado a la representación arquitectónica, sigo aprendiendo todos los días. Sigo sintiendo la misma emoción cuando alguien descubre que puede crear imágenes que antes parecían imposibles. Sigo creyendo que enseñar es una de las formas más bonitas de transformar vidas.
He tenido el honor de ser jurado en concursos internacionales de representación arquitectónica, construir una comunidad de más de 72.000 arquitectos y estudiantes en Instagram y desarrollar una metodología que hoy utilizan profesionales en distintos países.
Pero mi objetivo nunca ha sido formar personas que hagan imágenes iguales a las mías.
Mi objetivo siempre ha sido ayudar a que cada arquitecto encuentre su propia forma de comunicar sus ideas.
Porque una buena imagen no existe para impresionar.
Existe para hacer que alguien crea en un proyecto.
Y, muchas veces, también para que vuelva a creer en sí mismo.